Reflexiones sobre las escuelas de diseño, el Design Thinking y el valor del diseñador en la sociedad

Esta reflexión viene motivada por nuestra reciente experiencia en las Jornadas de Diseño 360º, a las que nos invitó la Asociación de Estudiantes Recrea de la Universidad de Valladolid, aunque es algo a lo que le llevaba dando vueltas bastante tiempo, pues son hechos con lo que me encuentro habitualmente.

Ya desde que diseñadores y profesores de diseño como Bryan Lawson, Peter Rowe, David M. Kelley o Tim Brown entendieran que el diseño y la figura del diseñador debería pasar a ocupar un rol más relevante en la sociedad que el de ser mero creador de objetos de consumo, el diseño como un proceso creativo y estructurado para generar soluciones que satisfagan necesidades, se ha ido instalando en muchos campos de la sociedad, algo que sin embargo parece que no han entendido, o han ignorado, las escuelas de diseño españolas.

Sí, estoy hablando del Design Thinking, esa adaptación del proceso de diseño a otros campos que necesitaban creatividad. Sin embardo, esta metodología / filosofía creada por diseñadores para que los diseñadores fueran útiles a la sociedad aportando su knowhow en nuevos terrenos, en nuestro país ha sido adoptada por las escuelas de negocios y marketing, mientras es ninguneada por las escuelas de diseño y de ingeniería.

Me resultaba curioso que la mayoría de cursos sobre Design Thinking que se imparten en Cámaras de Comercio, Centros de Negocio e instituciones varias, no suelen ser impartidas por diseñadores, o profesionales vinculados al diseño, sino por gente con formación en economía, marketing o negocios. Por ello cada vez que tenemos la ocasión de dar una formación al respecto, o participamos en jornadas con diseñadores, les hago preguntas al respecto y siempre me encuentro con que en las escuelas de diseño ni les mencionan que es eso del Design Thinking, la figura del diseñador industrial se queda en ser la persona que diseña objetos, los modela en un ordenador y los prepara para la fabricación, vamos, ingeniería y técnica.

Poco, o nada, hay de diseño centrado en el usuario, estrategia o diseño como proceso creativo más allá de los objetos. Muchas son las veces que los alumnos nos trasladan su sorpresa al descubrir que pueden hacer algo más que mesas, sillas y carcasas.

Hay otra consecuencia que a mi me da más pena todavía, y es que el Design Thinking se transmite como un conjunto de herramientas para potenciar la creatividad, y no como un proceso / filosofía de trabajo, similar al método científico, en el cual esas herramientas pueden ser útiles, pero que realmente no implican que al utilizarlas estés aplicando el Pensamiento de Diseño. Design Thinking no es hacer un brainstorming o un mapa de la empatía con post-its, no son más que herramientas para facilitar, dentro del proceso de diseño, la generación de ideas o el conocimiento del usuario.

Es agradable ver que una asociación de estudiantes de ingeniería del diseño, en una escuela de ingeniería de diseño tradicional, son proactivos ante el cambio y organizan unas jornadas donde los ponentes muestran muchas visiones del trabajo que puede realizar un diseñador y el valor que puede aportar a la sociedad como motor de cambios innovadores.

Esta desconexión del sistema educativo con las “nuevas” tendencias de diseño no queda reflejada únicamente en las muchísimas posibilidades que un diseñador puede ofrecer en el mundo de la empresa, sino que también parece ser que no están integrando en sus planes filosofías tan necesarias, para el trabajo tradicional del diseñador industrial, como el Ecodiseño, de gran relevancia para limitar durante el proceso de diseño los impactos ambientales futuros, o la evolución de éste conocida como Diseño Circular, del cual hablé hace unas semanas.

Estas problemáticas son inherentes al sistema educativo español, pero en el terreno del diseño, el cual debe tener en su genética una actitud innovadora, necesita una verdadera renovación generacional, integrando diseñadores en las escuelas, y siendo abierto a lo que pasa en el mundo real fuera de la universidad, entendiendo la nueva posición de los diseñadores en la industria y la sociedad.

Me parece genial que el diseño, como metodología innovadora y creativa, haya trascendido hacia el mundo de los negocios, la política o la educación, pues es elevado el valor que aporta, pero me parece muy negativo que sea ignorado por los diseñadores, que pueden perder la posición como punta de lanza como motores de la innovación.